dijous, 27 de juny de 2013

27/06/13. Mira què diu aquest! La historia es una ciencia para saber y aprender, no para hostigar. Y la reputación de un pueblo no se construye sobre la deformación del devenir histórico de los demás.


Benvolguts,

Un enemic nostre, i amic, evidentment del Conde de Godó, per això el va nomenar subdirector de La Vanguardia, escriu el que ell mateix referint-se a Mas en diu: que està perpetrando...

Qui és el tal Zarzalejos?

Hijo de José Antonio Zarzalejos Altares, Gobernador Civil de Vizcaya y Fiscal del Tribunal Supremo, y hermano de Francisco Javier Zarzalejos (Secretario General de la Presidencia del Gobierno durante los gobiernos de José María Aznar y Secretario general de la Fundación FAES) y de la periodista Charo Zarzalejos.

José Antonio Zarzalejos, licenciado por la Universidad de Deusto, entre 1979 y 1989 compaginó esta profesión con el periodismo, tras aprobar las oposiciones a Letrado de la Diputación Foral de Bizkaia colaborando en medios periodísticos como La Gaceta del Norte.

·       Fa veure que se sent assetjat, per l’ambient pútrid de l’amiguisme i la por a Catalunya, quan procedint d’Euskadi en una doble identidad –por tanto, también española–, se n’adona que aquí com allà estava com un peix en un garatge i a més navegant contracorrent!

·       Barreja pomes amb taronges nacionalistas y socialistas–…

·       Es permet opinar, equivocadament: una equivocada interpretación del significado de la Diada del 2012 y una convocatoria precipitada a las urnas el 25-N…

·       Opina, com tots els no-catalans, desconeixedors de la historia, que La cosecha de la Constitución de 1978 resultó para Catalunya abundante

·       Troba molt lleig el suport, el amparo y la financiación al simposio organizado por el Centro de Historia Contemporánea de Catalunya bajo el epígrafe general de España contra Cataluña...

·       Opina com tots els fabricants tergiversadors de la historia que Construir la identidad histórica de un pueblo como el catalán sobre la denigración de España –en cuyo devenir ha sido protagónico– crea el imprescindible enemigo exterior aglutinante del independentismo y recuerda las peores prácticas del nacionalismo regresivo y hostil, acomplejado e ignaro del pasado. Es abertzalismo.

Ui, quina por!

El tal Zarzalejos, així com el seu amo és un dels nostres pitjors enemics, ja que La Vanguardia encara la llegeix molta gent i crea opinió a qui no es vol molestar a crear-se-la ell mateix, i per tant ja veieu que és la persona ideal per fer de subdirector d’un diari tan equànime com La Vanguardia!

Merda en estat pur!

 
Ara l’article:

Así no, president, de José Antonio Zarzalejos en La Vanguardia

el 9 junio, 2013 en Derechos, Libertades, Política, Sociedad


Algunos españoles nos sentimos plenamente identificados con la siguiente reflexión de Antonio Muñoz Molina, premio Príncipe de Asturias de las Letras 2013, contenida en su ensayo Todo lo que era sólido: “Es muy difícil llevar la contraria en España. Llevar la contraria no a los del partido o del bando contrario, sino a los que parecía que están en el lado de uno; llevar la contraria sin mirar a un lado y a otro antes de abrir la boca para asegurarse de que se cuenta con el apoyo de los que saben o creen que uno está a su favor; llevar la contraria a solas, a cuerpo limpio, diciendo educadamente lo que uno piensa debe decir, lo que le apetece decir, lo que le parece indigno callar, sabiendo que se arriesga, no a la reprobación segura de quienes no comparten sus ideas, sino al rechazo ofendido de los que lo consideraban uno de los suyos”. Modestamente este periodista experimenta con sus análisis sobre Catalunya, en las páginas de La Vanguardia y fuera de ellas, lo que describe el autor jiennense: una perfecta y asumida soledad, porque los sectores que puedan identificarse con un planteamiento razonable y audaz para tratar de solucionar sin maximalismos la cuestión catalana, resultan tan silentes y discretos que podría pensarse que no existieran.

Detesto utilizar la primera persona en un texto periodístico, pero, como la excepción confirma la regla, he de confesar que mi surco vital – arado en mi trayectoria en el País Vasco de los ochenta y noventa del pasado siglo– me ha llevado desde mi juventud, primero en las lides jurídicas y luego en las periodísticas, a profesar por Catalunya y el catalanismo una simpatía admirativa. Como vasco afincado en una doble identidad –por tanto, también española– no podía por menos que contemplar referencialmente la cohesión social de Catalunya, la construcción de su “voluntad de ser” (Vicens Vives) sustentada en la lengua y la cultura propias, la energía proyectiva sobre el conjunto de España, ese afecto especial por la conciliación de intereses compendiado en Por la concordia de Cambó y, en definitiva, la articulación de una sociedad que durante los años de gobierno de Jordi Pujol –contrariamente a lo que se diga– tuvo una enorme lucidez para que la democracia se asentase en España.

La cosecha de la Constitución de 1978 resultó para Catalunya abundante pero la distancia temporal es el olvido. Es verdad que se han cometido enormes errores que arrancan de la reactiva emulación territorial que se niega a reconocer que la idiosincrasia de España –si es que queremos una España en paz y unida– consiste en su pluralidad. Los yerros de los políticos catalanes –nacionalistas y socialistas– han sido de un calibre no menor. Y de esa conjunción malhadada hemos llegado hasta aquí en una escalada de desafueros que comenzó con un Estatut que defraudó a unos y a otros; un sistema de garantías constitucionales que –por ausencia del necesario recurso previo de inconstitucionalidad– enmendó la plana al electorado catalán y que siguió con una equivocada interpretación del significado de la Diada del 2012 y una convocatoria precipitada a las urnas el 25-N de ese año cuyos resultados hubiesen justificado o la renuncia de Mas –ipso facto: perdió doce escaños cuando reclamaba una mayoría indestructible, lo que este periódico consideró un “fracaso excepcional”– o la rectificación de un órdago independentista que a ninguna parte llevaba más que a la que ahora estamos: CiU desarbolada remedando la política de su antaño contrincante y hogaño socio, ERC; el socialismo fracturado y el llamado unionismo, desdoblado, oficiando entre sí como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer.

Pero el mayor, el peor, y el más disuasorio de los errores perpetrados por el president Mas es el amparo y la financiación al simposio organizado por el Centro de Historia Contemporánea de Catalunya bajo el epígrafe general de España contra Cataluña: una mirada histórica (1714-2014) que se celebrará en diciembre cuando el calendario –¡qué error de planteamiento!– no habrá alcanzado aún la redonda fecha del trescientos aniversario de la caída de Barcelona en la Guerra de Sucesión. Construir la identidad histórica de un pueblo como el catalán sobre la denigración de España –en cuyo devenir ha sido protagónico– crea el imprescindible enemigo exterior aglutinante del independentismo y recuerda las peores prácticas del nacionalismo regresivo y hostil, acomplejado e ignaro del pasado. Es abertzalismo. Y así no. Así la Catalunya de Mas y de Junqueras se irá quedando con tantas adhesiones interiores como desafectos externos. La historia es una ciencia para saber y aprender, no para hostigar. Y la reputación de un pueblo no se construye sobre la deformación del devenir histórico de los demás.

Es deu haver quedat satisfet després d’aquestes vomitades...
 

Joan A. Forès
Reflexions

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